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Duelo genético

La importancia del duelo genético

17 noviembre, 2020

Cuando se recibe la noticia de que se ha perdido la posibilidad de procrear con sus propios gametos, el Sujeto percibe esta situación de frustración como una fuerte pérdida, y la imposibilidad de concretar un deseo. Se trata de una pérdida en la realidad acompañado de un fuerte impacto doloroso. Perdida que necesita tiempo para sanar.

No importa lo preparado que creamos estar para enfrentar una pérdida, esa preparación jamás será suficiente. No alcanzarán los consejos, la ovo/espermadonación no es sólo “el siguiente paso” sino un camino alternativo y a veces este camino se emprende con mucho dolor a cuestas.

El duelo aparece cuando algo se pierde. En esos momentos algo se quiebra, el mundo se derrumba y nos muestra su aspecto más cruel. Son etapas en las que se establece una batalla entre la realidad  y el deseo. Experiencias extremas en las que nos atrapa lo que no podemos tener y nos inunda una situación de vacío. Pero nadie vive sin pérdidas, incluso para ganar, siempre hay que perder. Por suerte, no toda pérdida nos empuja al duelo, pero hay situaciones que nos obligan a un trabajo doloroso para transitarlas. Porque eso es el duelo: un trabajo.

No se trata de un estado, sino de un tránsito complejo, un recorrido habitado de sensaciones fuertes, angustiosas y emociones encontradas. Aquello que deseaba, quizas desde siempre “ la posibilidad de tener un hijo con su propio material genético “ ya no es posible de concretar y debe aceptar vivir con esa frustración.

La psiquiatra suiza Kubler-Ross se ocupó del tema y planteó su teoría acerca de las cinco fases que componen el proceso de duelo. Estas etapas no necesariamente siguen un orden. Es más, puede que alguna reaparezca después de un tiempo.

NEGACIÓN: La persona consciente de lo perdido o del deseo frustrado, entra en un estado de shock e incredulidad negando la realidad. Conforme la negación va desvaneciéndose empiezan a emerger los sentimientos que estaban siendo ignorados y sobreviene la ira.

IRA: El trabajo de duelo pasa por la sensación de injusticia.”Esto no es justo”. “No me lo merezco” y al mismo tiempo el enojo contra Dios, el destino, los medicos y contra si mismo. Se acusa de lo que hizo y de lo que no hizo “si hubiera comenzado un tratamiento antes…” etc

NEGOCIACIÓN: En esta etapa, parece que se esta dispuesto a cualquier cosa, promete y se promete. Surgen ideas como “Si hago …” “Si hiciéramos esto o aquello…” Recurrentes demostraciones de que desea que la vida sea como antes, sin poder aceptar o “ soltar” lo perdido.

DEPRESIÓN: Hasta este momento la negación lo mantuvo alejado del presente pero se enfrenta a una realidad dolorosa, donde predomina la desesperanza, el alejamiento de seres queridos, lugares y tareas de las que antes disfrutaba.

Dice Kubler-Ross que esta etapa es necesaria e inevitable. No obstante si los síntomas depresivos perduran e interfieren en el funcionamiento rutinario, laboral o interpersonal es importante la consulta con un profesional de la Salud Mental.

ACEPTACIÓN: Esto no es lo mismo que resignación .La persona deja de resistirse y acepta lo inevitable: lo perdido ya no podrá ser.

Esto no significa que llegado este punto el trabajo haya finalizado. Aún habrá cosas que perder y otras que ganar.

Habrá algo que ya no se tiene, algo que ya no se puede, y tendrá algo que no tenía antes de iniciar el duelo. Es otra y a la vez la misma persona.

Y es que el duelo es una ”guerra” íntima. Una prueba, tal vez la más dura, que nos pone cara a cara con lo que perdimos, con lo que no pudo ser y con lo que podemos crear a partir de lo perdido. Una batalla que nos transforma de una vez y para siempre. Y que en su impiadada deriva nos lleva hacia un renacer que nos hace más humanos.

Atravesar el duelo genético, darse el tiempo y el espacio para ello, nos permite recuperar la ilusión de acceder a otra forma de paternidad o maternidad para la cual deberemos estar en las mejores condiciones psicoficas para recibir al posible hijo.

 

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